Para entenderlo mejor, podemos imaginar un parking subterráneo.
Sobre la superficie estaría la caseta del guardián: Esto constituye aproximadamente el 5% total de la edificación y sería lo que llamamos Surface web, Clear Web, es decir, lo que conocemos habitualmente como “Internet”. Aquí están la mayor parte de los contenidos publicados, y nuestra IP de navegación es rastreable mientras “surfeamos” por ella.
Bajo tierra en nuestro hipotético parking subterráneo, tenemos la Deep Web, con contenidos que no tienen porqué ser ilegales, sino que son no indexables guardados en servidores de almacenamiento de DropBox.
Estos contenidos pueden ser de banca, el área privada de una empresa, bases de datos, o, por ejemplo, la web privada de una universidad.
Y en la última planta del subterráneo está la Dark Web, sólo accesible a través de buscadores como los de la red TOR, un navegador basado en Firefox orientado a la privacidad, y motores de búsqueda como DuckDuckGo.